Introducción

Aunque no muchos conocen estos capítulos de la historia ecuatoriana, llevado al plano del rumor por algunos historiadores durante mucho tiempo, los territorios que hoy conforman la República del Ecuador estuvieron a punto de convertirse en un Reino independiente en cuatro ocasiones (1765, 1809, 1845 y 1859). La creciente ola de monarquistas que ha surgido en la última década en toda Latinoamérica ha ido develando, aunque aún no de manera oficial, a través de documentos y cartas que varios países de la región, que en especial México y Ecuador intentaron varias veces reestablecer la monarquía, ya sea una propia o con príncipes europeos. Las tentativas monárquicas ecuatorianas fueron:

*
Primer Reino de Quito, en 1765. Con Manuel Guerrero y Ponce de León como rey.
* Segundo Reino de Quito, en 1809. Con Juan Pío de Montúfar como rey.
* Reino de Ecuador, en 1844. Con María Cristina de Borbón-Dos Sicilias como regente de su hijo, Agustín de Muñóz y Borbón-Dos Sicilias.
* Reino Unido de Ecuador Perú y Bolivia, en 1844. Con Antonio de Orléans y Luisa Fernanda de Borbón como reyes.
* Protectorado francés de Ecuador, en 1859. Con Napoleón III como emperador y Gabriel García Moreno como Regente.

9 may. 2015

El Príncipe de Ecuador

Tumba de Agustín y sus dos hermanos.
En esta entrada hablaremos específicamente de la persona que, por muy poco en realidad, casi se convierte en Rey de Ecuador en 1846 (véase Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia). La presente curiosidad histórica, para variar ignorada en los libros escolares del país porque nos avergüenza y hiere en el republicanismo, se desenvuelve en torno a quien fuera el joven I duque de Tarancón y vizconde de Rostrollano.

Biografía

Agustín Muñoz y de Borbón-Dos Sicilias (Madrid, 15 de marzo de 1837 - Rueil-Malmaison, 15 de julio de 1855) fue el tercer hijo de la reina gobernadora de España, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias y su segundo esposo, el duque de Riánsares, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez.

Su madre había enviudado en 1833 del rey Fernando VII de España, quien la había nombrado en su testamento como Gobernadora del Reino, cargo en el que sería confirmada por las Cortes constituyentes en 1836 y por el que fue regente durante la minoría de edad de su hija, Isabel. El 28 de diciembre del mismo año en que quedó viuda, contrajo matrimonio morganático en secreto con un sargento de su guardia de corps, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez.

Tras nacer sus dos hermanas mayores, María Amparo y María de los Milagros, el pequeño Agustín se convirtió el primer varón del segundo matrimonio de la Reina. Fue bautizado por el teniente de cura Martín Fernández Campillo el 30 de abril siguiente a su nacimiento, en la iglesia parroquial de San José de Madrid, recibiendo los nombres de Agustín María Raimundo Fernando Longinos. Por motivos de mantener su identidad en secreto y así no poner en riesgo la regencia de María Cristina, en los documentos eclesiásticos se hizo constar como padres de la criatura a don Agustín de Rivas y su esposa, Baltazara Sánchez. El niño sería enviado a París inmediatamente, donde se reuniría con las otras dos hijas que la reina y el duque habían tenido previamente.

Su medio hermana Isabel fue coronada reina a los 13 años (1843), cuando él tenía seis, y poco tiempo después al niño le fueron concedidas las gracias de Duque de Tarancon, Conde de San Agustín y Vizconde de Rostrollano. Se conoce que estudiaba en Roma al menos hasta los 13 años de edad.

Pretendiente al trono ecuatoriano

En 1846, Agustín fue pretendido al trono ecuatoriano, dentro de un proyecto presentado por el depuesto presidente Juan José Flores a María Cristina. Este plan, de dos fases, consistía primero en declararlo Príncipe de Ecuador (como la Reina le hacía llamar), regentado por su madre, y después como restaurador de la monarquía en Perú y Bolivia, convirtiéndolo en el monarca de un hipotético Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia, con trono en la ciudad de Quito.

Esta intriga monárquica se encuentra denunciada en numerosos documentos, especialmente diplomáticos, en los que se destaca el deseo de la reina María Cristina de colocar en tronos de América a los hijos de su segundo matrimonio, e incluso se precisa el nombre la edad y los títulos del niño.

Cuando todo estaba organizado, los planes de Flores se vinieron abajo por la presión de los diplomáticos latinoamericanos acreditados en las cortes europeas, lo que provocó que Inglaterra confiscara los barcos que ya estaban listos para atacar Ecuador junto a una expedición de soldados irlandeses y españoles, que se habían reunido en los puertos de Santander y Limerik respectivamente, a solo días de abordar e iniciar el viaje a América.

Últimos años y muerte

Con el exilio impuesto a su madre por las cortes españolas primero, y por su propia hermana Isabel II después, Agustín se trasladó con ella a Francia, donde haría su vida en la localidad de Rueil-Malmaison, cercana a París, instalándose en el Château de Malmaison que anteriormente había pertenecido a la emperatriz Josefina de Beauharnais. Murió el 15 de julio de 1855, a los 18 años, y fue sepultado en el cementerio de la localidad, donde su madre hizo levantar un mausoleo en memoria de los tres hijos que fallecieron antes que ella.


Bibliografía:
  • Zavala, José María*; "Bastardos y Borbones: los hijos desconocidos de la dinastía". Editorial Penguin Random House (España). (*) Periodista y escritor español, especializado en la dinastía borbónica, de la que ha publicado varios libros.
  • Gimeno, Ana*; "Una tentativa monárquica en América: El caso ecuatoriano". Centro de investigación y cultura del Banco Central del Ecuador, 1988, ISBN9978720243 (Ecuador). (*) Historiadora e investigadora española.
  • Jijón y Caamaño, Jacinto*; "La expedición floreana de 1846". Talleres del Diario La Patria, 1943 (Ecuador). (*) Historiador y arqueólogo ecuatoriano, considerado el padre de la historiografía moderna en el país sudamericano.
  • Van Aken, Mark J*; "King of the night, Juan José Flores & Ecuador 1824-1864"; pp 216. Editorial Universidad de California, 1989 (Estados Unidos). (*) Historiador y docente de la Universidad de California, biógrafo del general ecuatoriano Juan José Flores.
  • Orrego Penagos, Juan Luis*; "El general Flores y el Perú". Rumbo al Bicentenario, historia del Perú, América Latina y el mundo; diciembre de 2003 (Perú). (*) Historiador y profesor del Departamento de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica de Lima desde el año 1987; su área de interés es la historia del Perú y de América Latina desde los años de la independencia hasta el siglo XX. Trabajó en la Comisión Iberoamericana de los Bicentenarios de la Independencia.
  • Castillo-Illingworth, José Santiago*, "El proyecto de monarquía americana (parte III)". Genealogía familiar, artículos (Ecuador). (*) Historiador con varias publicaciones por la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito.

22 mar. 2015

El primer Reino de Quito

Representación de la Revolución de los
Estancos, en el museo de la Ciudad (Quito).
La primera tentativa de instalar una monarquía en las tierras de la actual República del Ecuador, aunque también la más endeble de todas, se dio en el año 1765, durante el periodo de dominación colonial española. Aunque no pasó de un reclamo popular por la indignación de los quiteños, fue la primera vez que se sugirió de manera pública la instauración de un Gobierno propio.

Antecedentes

El capítulo que desencadenó la propuesta monárquica está bien documentado por la historiografía ecuatoriana e hispana, y es llamado "Revolución de los Estancos". Ésta sonada fue un motín antifiscal que se produjo en la ciudad de Quito durante el año 1765; en ella la población reclamaba contra un incremento de los impuestos a los licores (llamados estancos) por parte de las autoridades coloniales, lo que transversalmente se convirtió en un conflicto entre los españoles enviados desde la península para administrar la colonia (denominados chapetones) y los nacidos en la Audiencia sin acceso a cargos de importancia pero dueños de las tierras (denominados criollos).

Como parte de las políticas de la corona para aumentar sus ingresos, además de los nuevos impuestos, se establecieron una fábrica real de aguardientes que se convirtió en la única con permiso para operar, y una aduana, monopolizando así el mercado. Estas medidas, perjudiciales para los terratenientes criollos y los monasterios que producían sus propios licores, hicieron que ambos grupos propiciaran un levantamiento popular en la capital de la Audiencia.

Los criollos aprovecharon que el licor era considerado un producto de consumo básico en la época, principalmente para las clases trabajadoras y humildes, y que el establecimiento de la aduana aumentó los precios de otros productos importantes. Es así que hacen correr el rumor de que la Corona buscaba eliminar a los mestizos y los pobres, que aunque parezca una tesis sin sentido en nuestra época, entonces fue tomado como veraz. Las revueltas desencadenadas ocasionaron, entre otras cosas, que las masas enardecidas incendiaran la fábrica de alcohol y el edificio de la aduana.

La propuesta del "Rey de Quito"

Durante esta etapa, la Audiencia de Quito contó con dos gobiernos paralelos: el formal de las autoridades chapetonas que debían permanecer escondidas en las haciendas de los valles aledaños o refugiadas en monasterios; y el verdadero, constituido por los aristócratas criollos designados por el pueblo como sus Diputados.

En el clímax de la revolución la masa enardecida pretendió nombrar Rey de Quito al aristócrata Manuel Guerrero Ponce de León, III conde de Selva Florida, quien finalmente se negó a la propuesta y pretendió demostrar su fidelidad a la corona española mediante varios actos públicos.

Finalmente, y tras varios meses de un poder dual, la paz se restableció cuando la Audiencia ordenó el destierro de los hombres españoles solteros, y el Virrey de Nueva Granada ratificó la supresión del estanco y la aduana.


Bibliografía:
  • Núñez del Arco Sánchez, Jorge*; "Élites y sociedades regionales en la Audiencia de Quito (1750-1809)", pp 17. (Ecuador). (*) Historiador especializado en temas poco conocidos del país. Presidente del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica.
  • Gonzáles Suárez, Federico*; "Historia General de la República del Ecuador". Editorial Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1970 (Ecuador). (*) Arzobispo de Quito e historiador de la República desde la época preincásica.
  • Pardo de Guevara y Váldes, Eduardo*; "Actas de la XI reunión Americana de Genealogía", pp 267. Junta editorial de Galicia (España), 2005. (*) Miembro del Instituto Padre Sarmiento de Estudios Gallegos
  • Alvarado Dávila, Mauricio; "Los orígenes de los ecuatorianos", descendientes de Micaela Ponce de León, II condesa de Selva Florida.

17 feb. 2013

Dinastía Orléans de Ecuador (1844)

Para la historia, véase: Casa de Orléans en el trono ecuatoriano

Casa de Orléans

- Antonio I (1844-1890)
Antonio y su esposa, la infanta Luisa Fernanda.
Décimo hijo del rey Luis I de Francia, su nombre completo era Antonio María Felipe Luis de Orléans y Borbón-Dos Sicilias, y nació en la ciudad de Neuilly Sur-seine el 31 de julio de 1824. Se dice que su matrimonio con la infanta Luisa Fernanda de Borbón y Borbón-Dos Sicilias (10/oct/1846), respondía a un plan trazado entre su padre y la madre de la infanta española, quien también era hermana de la reina Isabel II de España.

El plan era coronarlos como Reyes de Ecuador, según el proyecto del general Juan José Flores, que había sido presidente de esa nación sudamericana, y desde allí expandirse hacia el sur para absorber las repúblicas de Perú y Bolivia, uniéndolas en una sola nación que llevaría por nombre Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia. 

Hubiese reinado entre 1844, año en que el plan fue propuesto por Juan José Flores en las cortes europeas, hasta su muerte el 4 de febrero de 1890, con 66 años de edad y tras cuarenta y seis años en el trono, siendo el monarca con más tiempo en él. Su heredero hubiese sido su noveno hijo (tercer varón y el único que llegó a la edad adulta): Antonio.

- Antonio II (1890-1930)
Antonio y su esposa, la infanta María Eulalia.
Fue el noveno hijo de Antonio I, el único de tres varones que llegó a la edad adulta (Fernando, que murió a los 8 años y Felipe, que murió al año de edad); aunque tuvo un último hermano que tampoco superó la infancia, mientras que las otras seis eran mujeres, por lo que se entiende que estamos aplicando la ley sálica de sucesión, que privilegia el entronamiento del varón sobre la mujer, tal como era costumbre de las familias reinantes en aquella época.

Su nombre completo era Antonio María Luis de Orléans y Borbón; se casó en 1886 con su prima, la infanta María Eulalia de Borbón y Borbón, novena hija de la reina Isabel II de España; quien hubiese sido su Reina Consorte. Tuvo dos hijos: Alfonso y Luis Fernando.

Su periodo de reinado habría comprendido cuarenta años (el tercero más largo), entre 1890 y 1930, cuando murió a la edad de 64 años. Su sucesor hubiese sido el mayor de sus dos hijos: Alfonso.

- Alfonso I (1930-1975)
Alfonso y su esposa, la princesa Beatriz.
Fue el mayor de los dos hijos de Antonio II (el otro de nombre Luis Fernando), y por lo tanto el sucesor natural de su padre en el trono ecuatoriano. Su nombre completo era Alfonso María Antonio Diego de Orléans y Borbón, y nació en la ciudad de Madrid el 12 de noviembre de 1886. 

Se casó en 1909 con la princesa Beatriz de Sajonia-Coburgo y Gotha, nieta por línea paterna de la  de noviembre de reina Victoria del Reino Unido, y del zar Alejandro II de Rusia por el lado materno; ella hubiese sido entonces su Reina Consorte. Tuvo tres hijos: Álvaro, Adolfo y Ataulfo. 

Su reinado habría durado cuarenta y cinco años (el segundo más largo después de su abuelo Antonio I, que lo supera por apenas un año), entre 1930 y 1975, cuando fallece a la edad de 89 años el día 6 de agosto. Su heredero natural hubiese sido entonces el mayor entre sus hijos: Álvaro.

Casa de Orléans-Borbón

- Álvaro I (1975-1997)
Álvaro y su esposa, Carla Parodi-Delfino.
Era el mayor de los tres hijos del rey Alfonso I, por lo que sucedió a su padre tras la muerte del mismo en 1975. Su nombre completo era Álvaro Antonio Carlos Felipe de Orléans-Borbón y Sajonia-Coburgo-Gotha, y nació en la ciudad de Coburgo (Imperio alemán) el 20 de abril de 1910. Era bisnieto de la reina Victoria del Reino Unido y del zar Alejandro II de Rusia. 

Contrajo matrimonio en 1937 con la italiana Carla Parodi-Delfino, hija de Leopoldo Girolamo Parodi-Delfino, Senador del Reino de Italia; misma que hubiera sido su Reina Consorte. El matrimonio, celebrado en 1937 en Roma, tuvo cuatro hijos a saber: Gerarda, Alfonso, Beatriz y Álvaro Jaime. 

Su periodo de reinado hubiese durado veintidós años (el cuarto más largo), entre 1975 cuando muere su padre y 1997, cuando fallece él mismo el día 22 de agosto. Su sucesor hubiese sido su nieto Alfonso, hijo de su primogénito Alonso, que murió en 1975.

- Alfonso II (1997-actualidad)
Fue el primer hijo del príncipe Alonso de Orléans-Borbón y Parodi-Delfino y la princesa Emilia Ferrara-Pignatelli, hija a su vez del príncipe Vicenzo de Strongoli y conde de Melisa. Nació en la ciudad de Roma el 2 de agosto de 1968, y fue bautizado en el rito católico con los nombres completos de Alfonso de Orléans-Borbón y Ferrara-Pignatelli

Se casó el 28 de marzo de 1994 con la belga Véronique Goeders, con quien tiene un hijo: Alonso Juan. Alfonso II hubiese accedido al trono con 29 años de edad, tras la muerte de su abuelo, ya que después de la muerte del príncipe Alonso (su padre), se habría convertido en el heredero natural. Su reinado llevaría diecisiete años hasta el día de hoy (2015), y tendría 47 años de edad a la misma fecha actual.

Su heredero, y quien se convertiría en Rey una vez que Alfonso II falleciera, sería su único hijo: el príncipe Alonso Juan de Orléans-Borbón y Goeders, nacido en París el 15 de julio de 1994, y que contaría con 21 años al 2015.

Estadísticas de la Dinastía Real ecuatoriana de 1844

Total de monarcas: cinco - 5
Monarcas hombres: cinco - 5
Monarcas mujeres: cero - 0
Casa de Orléans: 131 años (3 gobernantes)
Casa de Orléans-Borbón: 40 años (2 gobernantes)
Dinastía ecuatoriana total: 171 años (1844-2015)


La Casa de Orléans en el trono ecuatoriano

Antonio de Orléans y Luisa Fernanda de Borbón, hipotéticos Reyes de Ecuador
Dentro del plan de instaurar una monarquía en Ecuador, planteados por Juan José Flores a la reina regente española, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (véase entrada Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia - 1844), hubieron varias especulaciones que se tomaron como veraces, sobre todo por parte de los diplomáticos latinoamericanos acreditados en las cortes europeas de la época. Pudiendo haber sido en realidad que la citada Reina deseaba que su segunda hija, Luisa Fernanda de Borbón, infanta de España y fruto de su primer matrimonio con el rey Fernando VII, sea quien accediese en realidad al trono y gobernara Ecuador junto a su esposo, el duque Antonio de Orléans, príncipe de Francia. 

Aquí un resumen del informe enviado a Quito por Francisco Michelena Roja, canciller de Ecuador ante la corte de Londres:
Los planes de Juan José Flores para instaurar una monarquía en la República de Ecuador, y desde allí extenderse hacia las naciones de Perú y Bolivia, habrían tenido eco en las principales cortes europeas con pretensiones en América. Acusa principalmente a Francia de agitarse en distintas formas para establecer su dominación, ofreciendo sus príncipes bajo alianzas de familia, o su protectorado, tratando de influir en los gobiernos contra los intereses nacionales y humillando sus nóveles nacionalidades; y para ello el dinero necesario para la expedición prevendría del mismo rey francés Luis Felipe I.

Por otra parte Manuel Moreno, canciller argentino en Londres, sospechaba también de la intervención francesa en los planes del general Flores, pues creía que la candidatura del joven Agustín de Muñóz y Borbón (cuarto hijo del segundo matrimonio de la Reina regente española María Cristina) no era sino aparente y provisional, ya que en el fondo todo estaba dirigido por el monarca francés Luis Felipe I para acabar con la otra parte del Tratado de Utrecht, y llevar a la Casa de Orléans hacia Latinoamérica.

Moreno basaba su hipótesis, descrita en un informe oficial fechado el 4 de noviembre de 1846 y enviado al Ministerio de Relaciones Exteriores en Buenos Aires, en que el matrimonio de Antonio de Orléans, duque de Montpensier y décimo hijo del rey francés, con la infanta española Luisa Fernanda de Borbón, hija de la mencionada reina María Cristina y hermana de la futura Isabel II, pudiera ser aprovechado para instaurar en ellos la futura monarquía de los territorios de Ecuador (véase entrada: Posibles límites del Reino de Ecuador (1844)).


Bibliografía:
  • Orrego Penagos, Juan Luis*; "El general Flores y el Perú". Rumbo al Bicentenario, historia del Perú, América Latina y el mundo; diciembre de 2003 (Perú). (*) Historiador y profesor del Departamento de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica de Lima desde el año 1987; su área de interés es la historia del Perú y de América Latina desde los años de la independencia hasta el siglo XX. Trabajó en la Comisión Iberoamericana de los Bicentenarios de la Independencia.
  • Vélez Ochoa, Ricardo*; "Las especies náufragas"; pp 146. Colección investigaciones 1; Pontificia Universidad Javeriana; 2006 (Colombia) (*) Abogado de la Universidad Javeriana de Colombia.
  • Van Aken, Mark J*; "King of the night, Juan José Flores & Ecuador 1824-1864"; pp 216. Editorial Universidad de California, 1989 (Estados Unidos). (*) Historiador y docente de la Universidad de California, biógrafo del general ecuatoriano Juan José Flores.
  • Gimeno, Ana*; "Una tentativa monárquica en América: El caso ecuatoriano". Centro de investigación y cultura del Banco Central del Ecuador, 1988, ISBN9978720243 (Ecuador). (*) Historiadora e investigadora.
  • Castillo-Illingworth, José Santiago*, "El proyecto de monarquía americana (parte III)". Genealogía familiar, artículos (Ecuador). (*) Historiador con varias publicaciones por la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito.

28 may. 2011

Hipotéticos Monarcas del Segundo Reino de Quito

Para la historia, véase: Segundo Reino de Quito

Casa de Montúfar


- Juan Pío I (1809-1818)
Juan Pío I de Montúfar.
El primer soberano de esta tentativa monárquica hubiése sido el célebre segundo Marqués de Selva Alegre, quien fue presidente de la Junta Autónoma de Gobierno de Quito que se sublevó ante el poder español del conde Ruíz de Castilla en 1809.

Nacido en la ciudad de Quito el 29 de mayo de 1758, fue bautizado en el rito católico el 20 de abril de 1762 con los nombres de Juan Pío María Torcuato de Montúfar y Larrea-Santa Coloma. Sus padres fueron Juan Pío de Montúfar y Frasso, primer marqués de Selva Alegre, y doña Rosa de Larrea y Santa Colomana.

De haberse concretado los deseos monárquicos de la facción montufarista de la Junta, Juan pío hubiese dirigido una nueva nación entre 1809, año de la revuelta quiteña, y 1818, cuando murió con apenas 60 años de edad y tras nueve años de reinado. No hubiese tenido consorte, ya que su esposa Josefa Teresa de Larrea y Villavicencio había fallecido en 1790, y el marqués no volvería a casarse. Su sucesor hubiese sido su primogénito, Francisco Javier.


- Francisco I (1818-1853)
Hijo primogénito de Juan Pío de Montúfar y Larrea-Santa Coloma y su esposa, Rosa de Larrea y Villavicencio. Nació en la ciudad de Quito en el año 1775, bautizado en el rito católico el 7 de diciembre del mismo año con los nombres de Francisco Javier de Montúfar y Larrea-Villavicencio.

Hubiese accedido al trono tras la muerte de su padre en 1818, con 43 años de edad, permaneciendo al frente del Gobierno durante 45 años, hasta su muerte el 15 de julio de 1853 (78 años). Nunca se casó y no tuvo descendencia legítima, por lo que la línea de sucesión sálica hubiese seguido el orden de primogenitura y sexo masculino sobre el femenino para encontrar al heredero.

El coronel Carlos de Montúfar y Larrea-Villavicencio, el hermano que le seguía, había muerto soltero y sin descendencia legítima en el año 1816. El tercero de la prole, Joaquín, se declaró fiel al rey de España (donde residía en Madrid) tras los sucesos de 1809, por lo que debía haber perdido sus derechos al trono. Es entonces que la corona debió haber pasado a la última de los hermanos, Rosa, quien se convertiría en la tercera Reina del país.

- Rosa I (1853-1859)
Última hermana del rey Francisco I, Rosa era la única mujer de los hijos procreados en el matrimonio entre Juan Pío de Montúfar y Larrea-Santa Coloma y su esposa, doña Rosa de Larrea y Villavicencio. Nació en la ciudad de Quito en el año 1783, fue bautizada en el rito católico el 17 de diciembre del mismo año con los nombres de Rosa Teresa de Montúfar y Larrea-Villavicencio.

Hubiése accedido al trono con 76 años de edad, tras la muerte de su hermano Francisco I en 1853. El tiempo que habría permanecido al frente del Gobierno habría sido de seis años hasta su propia muerte, el 14 de noviembre de 1869, cuando tenía 82 años de edad. Su príncipe consorte hubiése sido el general Vicente Aguirre y Mendoza (amigo personal del mariscal Antonio José de Sucre), con quien tuvo dos hijos: Carlos y Juan. Siendo el primero quien debió sucederle.

Casa de Aguirre-Montúfar

- Carlos I (1859-????)
Hubiése sucedido a su madre como rey de Quito entre 1859 y 18??. Fue el primogénito del matrimonio conformado por Rosa de Montúfar y Larrea-Villavicencio y el general independentista Vicente Aguirre y Mendoza. Nació en la ciudad de Quito alrededor del año 1805, donde fue bautizado en el rito católico con los nombres de Carlos de Aguirre y Montúfar.

Habría accedido al trono en el año 1859, cuando muere su madre Rosa y él tenía alrededor de 50 años de edad. Por falta de datos sobre él, se desconoce cuánto tiempo hubiése permanecido al frente del Gobierno, así como el año en que falleció. Su reina consorte sería Virginia Klinger Serrano, con quien tuvo una sola hija: Virginia, quien sería su heredera.

- Virginia I (????-1874)
Hubiése sucedido a su padre como reina de Quito entre un periodo desconocido por falta de datos  exactos sobre las fechas de nacimiento y defunción tanto de ella como su padre, lo que altera además un sin número de detalles adicionales. Nació en la ciudad de Quito alrededor del año 1830 y fue bautizada en el rito católico con los nombres de Virginia de Aguirre-Montúfar y Klinger. Su príncipe consorte habría sido Rafael de Barba y Jijón, con quien tuvo siete hijos, a saber: María, Augusta, Alfonso, Carolina, Virginia, Inés y Rafael.

Se conoce que su esposo se volvió a casar en 1875 con Rosa España, por lo que se asume que Virginia murió probablemente en 1874 con alrededor de 45 años de edad. Le habría sucedido su tercer hijo y primer varón, Alfonso.

Casa de Barba-Jijón

- Alfonso I (1874-????)
Hubiése sucedido a su madre como rey de Quito entre un periodo desconocido por falta de datos exactos sobre las fechas de nacimiento y defunción tanto de él como de su madre. Nació en la ciudad de Quito alrededor de 1860 y fue bautizado en el rito católico con los nombres de Alfonso de Barba-Jijón y Aguirre-Montúfar.

Su reina consorte habría sido Beatriz Larrea y Jijón, con quien tuvo cinco hijos: Rafael, Beatriz, Rosa, Cecilia y Carlos. Tras su muerte le habría sucedido el primero de los vástagos, Rafael.

- Rafael I
Hubiése sucedido a su padre como rey de Quito entre un periodo desconocido por falta de datos exactos sobre las fechas de nacimiento y defunción tanto de él como de su padre. Nació en la ciudad de Quito alrededor del año 1900 y fue bautizado en el rito católico con los nombres de Rafael de Barba-Jijón y Larrea.

Su reina consorte habría sido doña Rosa Francisca Chiriboga y Álvarez, con quien se casó en 1938 y tuvo cuatro hijos: Alfonso, Claraluz, Rafael y Martín. Tras su muerte le habría sucedido el primero de la prole, Alfonso.

- Alfonso II
Hubiése sucedido a su padre como rey de Quito entre un periodo desconocido por falta de datos exactos sobre las fechas de nacimiento y defunción tanto de él como de su padre. Nació en la ciudad de Quito alrededor del año 1940 y fue bautizado en el rito católico con los nombres de Alfonso de Barba-Jijón y Chiriboga.

Se desconoce más datos del personaje en cuestión, por lo que se hace imposible continuar la línea precisa hasta la actualidad, pero se sabe que definitivamente existen herederos directos. Por las fechas aproximadas de nacimiento, podría ser él mismo quien gobernaría actualmente el país.

Estadísticas de la Dinastía Real quiteña de 1809

Total de monarcas: ocho - 8
Monarcas hombres: seis - 6
Monarcas mujeres: dos - 2
Casa de Montúfar: 50 años (3 gobernantes)
Casa de Aguirre-Montúfar: 15 años (2 gobernantes)
Casa de Barba-Jijón: 141 años (3 gobernantes)
Dinastía quiteña total: 206 años (1809-2015)


Bibliografía:

8 may. 2010

Límites del Reino Unido de Ecuador, Perú Y Bolivia

Reino de Ecuador

El segundo intento de restaurar la monarquía, o implantar una propia sería en 1844, cuando el segundo hijo varón (cuarto en la práctica) de la reina María Cristina de Borbón fue propuesto para convertirse en Príncipe de Ecuador (véase entrada: Segundo intento: Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia).

Esto nos lleva la conclusión de que primero se instauraría una monarquía en las tierras de la ya entonces República del Ecuador; incluyendo los límites que había conservado tras la disolución de la Gran Colombia hacía 15 años atrás, menos aquellos perdidos tras la Guerra colombo-ecuatoriana y la firma del Tratado de paz, amistad y alianza entre la Nueva Granada y Ecuador, el 8 de diciembre de 1832.

Territorio de Ecuador en 1844.

Los límites de los dominios de S.A. el príncipe Agustín Muñoz de Borbón, que hubiese gobernado bajo la regencia de su madre: María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, hubiesen sido:

Norte: República de Colombia
Sur: República del Perú
Este: Imperio del Brasil
Oeste: Océano Pacífico


Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia

Dentro de este segundo intento de restauración, se incluía además una segunda fase en la que el Reino de Ecuador absorbería también los territorios de las repúblicas de Perú y Bolivia para conformar un estado federado de tres reinos; siguiendo el ejemplo de Gran Bretaña y de Portugal y Brasil. Este Reino hubiese incluído los territorios de las tres naciones después de suindependencia, incluída la franja costera que Bolivia perdió en la Guerra del Pacífico contra Chile.

Posibles límites del Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia (1845).

Los límites de este extenso Reino, talvez uno de los más extensos del mundo después del Imperio Ruso, el de China y el de Brasil, hubiesen sido:
Norte: República de Colombia
Sur: República de Chile, Provincias Unidas del Río de La Plata - Argentina
Este: Imperio del Brasil, República del Paraguay
Oeste: Océano Pacífico

6 may. 2010

Límites del Segundo Reino de Quito

De haberse concretado esta idea (véase entrada: Segundo Reino de Quito), los límites del Reino representado por S.A.S. Juan I de Montúfar y Larrea, hubiesen sido los mismo de la Real Audiencia de Quito correspondientes a la cédula real de 1802, que dice:
"He resuelto que tenga por segregado del Virreynato de Santa Fe y de la provincia de Quito y agregado a ese Virreynato el Gobierno y Comandancia General de Mainas con los pueblos del Gobierno de Quijos, excepto el de Papallacta por estar todos ellos a las orillas del rió Napo o en sus inmediaciones, extendiéndose aquella Comandancia General no sólo por el rio Marañon abajo, hasta las fronteras de las colonias portugueses, sino también por todos los demás ríos que entran al Marañon por sus margines septentrional y meridional como son Morona, Huallaga, Paztaza, Ucayali, Napo, Yavari, Putumayo, Yapurá y otros menos considerables, hasta el paraje en que estos mismos por sus altos y raudales dejan de ser navegables: debiendo quedar también a la misma Comandancia General los pueblos de Lamas y Moyobamba...A cuyo fin os mando que quedando como quedan agregados los gobiernos de Mainas y Quijos a es Virreynato auxilies con cuantas providencias juzguéis necesarias y os pidiere el Comandante General y que sirvan en ellos no sólo para el adelantamiento y conservación de los pueblos, custodia de los misioneros sino también para la seguridad de mis dominios impidiendo se adelanten por ellos los vasallos de Corona de Portugal nombrando los cabos subalternos o Teniente de Gobernador que os pareciere necesarios, para la defensa de esas fronteras y administración de justicia...Así mismo he resuelto poner todos esos pueblos y misiones reunidos a cargo del Colegio Apostolico de Santa Rosa de Ocopa de ese Arzobispado...Igualmente he resuelto erigir un Obispado en dichas misiones...
YO, EL REY"

Límites de la Real Cédula de 1802 para la Real Audiencia de Quito.

Es decir que sus límites hubieran sido:
Norte: Virreynato de Nueva Granada (España) - Colombia
Sur: Virreynato del Perú (España) - Perú
Este: Reino de Brasil (Reino Unido de Portugal y Brasil) - Brasil
Oeste: Mar Pacífico - Océano Pacífico

Quedando el nuevo Reino rodeado, en la práctica, por España y Portugal.


Bibliografía:

5 may. 2010

Protectorado francés de Ecuador (1859)

Los esfuerzos de Flores por recuperar el poder en el Ecuador (véase entradas Reino Unido de Ecuador Perú y Bolivia y La Casa de Orléans en el trono ecuatoriano) contribuyeron a provocar una fuerte crisis interna y externa en 1859, lo que estimuló a otro líder ecuatoriano, el entonces presidente Gabriel García Moreno, a intentar un nuevo proyecto de restauración monárquica por medio de la propuesta de un protectorado francés que podría convertirse eventualmente en un reino andino (abarcando también otros países) que respondería a los intereses de Francia.

Gabriel García Moreno.
Antecedentes
En 1859 García Moreno desarrolló un proyecto de protectorado que envió, por medio de tres cartas a Emilie Trinité, encargado de negocios de Francia con sede en Guayaquil, en las que solicitaba una asociación con el imperio dirigido por Napoleón III, similar a la que tenían Canadá con el Reino Unido en esa época.

El mandatario ecuatoriano había presenciado la restauración política impuesta en Francia tras la revolución de 1848, con el consiguiente apogeo económico y de prestigio que ganó la nación europea, y por ello se convenció de que su patria podría seguir igual camino. Ecuador se encontraba entonces en pleno conflicto con el Perú y desgarrado por la guerra civil entre el propio García Moreno, mandatario en Quito, y Guillermo Franco Herrera, gobernante en Guayaquil y Azuay.

Las cartas nunca llegaron a París, pues Trinité murió en el puerto ecuatoriano antes de reenviarlas a su Gobierno, aunque el Presidente ecuatoriano no lo supo de inmediato. A inicios de junio de 1861 llegó a Guayaquil Aimé Fabre, nuevo encargado de negocios de Francia. Para entonces ya había estallado el escándalo de Las cartas de Trinité, que resulta habían sido sustraídas de los archivos de la legación francesa en Guayaquil y publicadas en abril por la prensa de esa ciudad; mientras que el 11 de mayo de ese mismo año, el diario El Comercio de Lima revela también el contenido de dicha correspondencia.

Al presentar Fabre sus credenciales ante el presidente García Moreno, a mediados de junio de 1861 en la ciudad de Quito, se abordó nuevamente el tema del protectorado; pero ahora se trataba de un proyecto más amplio, puesto de que ya no se encontraba en la precaria situación de 1859, sino como mandatario de un país unido. García Moreno le comunicó a Fabre la preocupación de que toda Latinoamérica, y quizá toda América (teniendo en cuenta la guerra de secesión estadounidense), se encontraban en peligro. Solo una fuerte potencia europea podía detener esa tendencia, asentando una estabilidad política y que Francia debía convertir al Ecuador en su base para desde allí extender su influencia.

Napoleón III, emperador de Francia.
Informe al Emperador
Con vehemencia, Fabre transmitió inmediatamente al canciller francés Antoine Edouard Thouvenel el pedido de García Moreno. En “cartas confidenciales”, hizo una detallada descripción de la población, el clima y los recursos del Ecuador; delineó los pasos requeridos para establecer un protectorado francés mediante un plebiscito, así como la ruta que deberían tomar las tropas francesas para llegar de Guayaquil a Quito. Dos mil soldados franceses, algunas naves y cañones, asegurarían el voto, libre de desórdenes o interferencia externa. Eso sí, advirtió que Gran Bretaña podría ser un serio obstáculo.

En septiembre de 1861, el canciller Thouvenel (frente a la voluminosa información enviada por Fabre) entregó a Napoleón III su famoso “Informe al Emperador”. Allí señalaba que de ser aceptada la propuesta, el presidente ecuatoriano convocaría a una Convención Nacional que, según él, votaría con entusiasmo por el pacto de unión con Francia. Thouvenel destacó que la isla Puná, a la entrada del río Guayas, sería un excelente punto de escala y abastecimiento para las naves francesas de guerra y de comercio en el Pacífico. Advirtió sin embargo, que el presidente peruano Ramón Castilla no tendría escrúpulos para suministrar armas y dinero a todos los que quisieran combatir el proyecto de García Moreno.

En tanto, García Moreno nombra como ministro de negocios en Francia a Antonio Flores Jijón, quien propusó (según la documentación expuesta por el investigador Robertson, que recorrió los archivos europeos por años) un plan que comprendía la cesión de las islas Galápagos al imperio francés, así como de las tierras situadas a orillas del Amazonas y que pertenecían a Ecuador. Flores Jijón también habló del compromiso ecuatoriano de adoptar todos los medios para el establecimiento de una monarquía de ser necesario, misma que podía incluir al Perú y otros países de Sudamérica bajo la corona de un príncipe designado por Napoleón III, y para no despertar los celos de otros estados, podría llevar el nombre de Reino Unido de los Andes.

Reacción latinoamericana
En Lima, el presidente peruano Ramón Castilla estaba irritado con García Moreno, pues la Asamblea Nacional de Ecuador, presidida por el expresidente Juan José Flores, había declarado nulo el Tratado de Mapasingue. Dicho tratado, firmado el 25 de enero de 1860 con el gobierno de Franco, en la ciuadad de Guayaquil, reconocía la validez de la Real Cédula de 1802, que reincorporaba la Comandancia General de Maynas al Virreinato del Perú, y por tanto al territorio de la ya indepenediente nación peruana.

La búsqueda de un protectorado francés, que llevaba a cabo García Moreno, terminó de enfurecer a Castilla; dando como resultado dos comunicaciones enviadas el 24 de agosto de 1861:
  • La primera, una nota dirigida al canciller ecuatoriano Rafael Carvajal, en donde el canciller peruano José Fabio Melgar le reprochaba los intentos de convertir al Ecuador en un protectorado francés, exigiendo prontas explicaciones.
  • La segunda, una circular dirigida a los cancilleres de todos los gobiernos latinoanoamericanos, en al que el Melgar informó que había enviado a Ecuador una «franca interpelación» (cuya copia anexaba) por lo que consideraba una «traición a la América y un ataque directo al Perú»; pues consideraba que era obvio que Francia, al integrar al Ecuador como colonia, pretendería ejercer su dominio sobre todo el territorio con los límites fronterizos que arbitrariamente se había dado el Ecuador al anular el Tratado de Mapasingue. Melgar culminó su circular solicitando el apoyo de todos los gobiernos hispanoamericanos para defender la independencia ecuatoriana.
Declinación de la propuesta
Inicialmente Napoleón III, aunque no estaba del todo renuente al plan, vaciló en adoptar el compromiso planteado por García Moreno dado que su escuadra en el Pacífico no era lo suficientemente fuerte para enfrentar un adversario como Gran Bretaña, por ejemplo. En febrero de 1862, una razón mucho más poderosa pesó sobre su ánimo: Francia había iniciado su intervención armada en México, empresa que absorbió todo su interés y culminó con la instalación del imperio francés en dicho país por un corto tiempo. Antes de que Fabre pudiera recopilar toda la información adicional que el canciller Thouvenel le había solicitado, llegó la orden del emperador francés de rehusar el ofrecimiento en términos evasivos y diplomáticos.

El fracaso de la iniciativa garciana puso fin a todo pensamiento monárquico serio, así como el régimen de Maximiliano I Habsburgo, segundo monarca del Imperio Mexicano, terminó con el monarquismo en el país azteca. El fiasco de Maximiliano y la guerra franco prusiana, que concluyó con la caída del Segundo Imperio francés, obligó a este país europeo a abandonar sus planes en América Latina para siempre.


Bibliografía:
  • Garibaldi de Mendoza, Rosa*; "Cuando Ecuador casi fue Francia". Artículo publicado por el diario El Comercio (Perú), 2 de agosto de 2009. (*) Historiadora especializada en la política peruana con varias publicaciones por la Academia Diplomática de su país, ministra en el Servicio Diplomático de la República del Perú.
  • Ruíz Guerra, Rubén*; "El imperio napoleónico y la monarquía en México", pp 257-260. Publicación del Senado de la República (México), 2012. (*) Historiador y miembro del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, de la Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Benítez Vinueza, Leopoldo*; "Ecuador: drama y paradoja". Editorial Libres, 1995 (Ecuador). (*) Ensayista y escritor ecuatoriano, este ensayo sobre la historia del país representa el cénit de su carrera literaria.

4 may. 2010

Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia (1844)

Antecedentes

Gral. Juan José Flores.
Mientras transcurrían las primeras décadas de la frágil y novel república ecuatoriana, el general Juan José Flores, derrocado por el pueblo de Guayaquil tras 14 años en el poder, se convenció de la ingobernabilidad del territorio ecuatoriano bajo un régimen republicano en el que la discordia entre los nuevos poderes era evidente, y que sólo una autocracia bajo su propio control, o un protectorado extranjero bajo un príncipe europeo, podían rescatar al país del caos.

En correspondencia de algunos diplomáticos españoles dirigidas al gobierno de Simón Bolívar, este se da cuenta de que el general Juan José Flores presentó una propuesta a España para imponer una monarquía, no sólo en Ecuador sino también en Perú y Bolivia. Según Mark Van Aken, historiador estadounidense y biógrafo del caudillo: «para hacer estas afirmaciones se dispone de las fuentes históricas usuales: documentos gubernamentales, periódicos oficiales e independientes, panfletos, hojas sueltas y correspondencia particular; sin embargo, los documentos privados de Flores no proveen información de importancia crucial sobre la cuestión, y esto explica por qué Luis Robelino Dávila y Gustavo Vázconez Hurtado no afirman claramente que este estuviera involucrado en planes monárquicos».

Cuando Flores escribió a Bolívar para manifestarle su apoyo a la Constitución de Bolivia, insinuaba que la forma de gobierno propuesta era un paso positivo en el camino hacia la monarquía. Bolívar jamás se comprometió con la idea de una monarquía o una dictadura desde 1825 hasta su muerte, aún cuando Van Aken explica que «los documentos indican claramente que el Libertador analizó con diplomáticos extranjeros la posibilidad de establecer una monarquía en tierras americanas y también lo hizo con estadistas hispanoamericanos y oficiales de su confianza».

El tratado de La Virginia
Durante su gobierno Flores se rodeó de muchos asesores y militares venezolanos, lo que ocasionó una especie de reacción nacionalista que culminó en una guerra civil con núcleo en la ciudad de Guayaquil y movilizada por Vicente Rocafuerte, célebre escritor y diplomático que estaba exiliado en Lima, y que terminaría con su derrocamiento en 1845.

A los pocos días de firmarse el Tratado de La Virginia, que deponía pacíficamente a Flores del poder y le garantizaba su estatus militar, la conservación de sus propiedades y una renta de 20.000 pesos de por vida, parte a su acordado exilio europeo, pasando primero por Panamá. Entre tanto, el nuevo gobierno ecuatoriano desconoce los convenios de La Virginia y se niega a reconocer los derechos que habían obtenido Flores y sus partidarios. Para el político ecuatoriano Benigno Malo: «esa resolución, lejos de cerrar las puertas a su regreso, no hizo más que tentarlo a adoptar represalias de naturaleza extremada e inmoral… Flores burlado se creyó plenamente autorizado para seguir los consejos de la venganza: se engañaba. Un crimen no se lava con otro».

Reino de Ecuador
Enterado de la noticia y la decisión del nuevo gobierno ecuatoriano de romper con los términos del Tratado de La Virginia, Flores entra en cólera y organiza desde Europa uno de los planes más audaces del caudillismo latinoamericano para recuperar el poder.

En Inglaterra encomendó al general irlandés Richard Wright la tarea de reclutar mercenarios, conseguir armamento y adquirir naves de guerra para invadir Ecuador. Luego pasó a Francia donde trató de conseguir más apoyo para su arriesgada empresa, llegando a proponer el convertir a Ecuador en una monarquía a cargo de un príncipe europeo, con él mismo como regente. Por último, en el Reino de Nápoles, el Duque de Rivas, embajador español ante esa corte, escuchó sus planes de colocar un príncipe español al frente del país sudamericano; pero que el plan no quedaba allí, pues bajo el protectorado de España, dicho príncipe procuraría engrandecer geográficamente al Ecuador hacia el sur, a costa de sus vecinos.

María Cristina de Borbón-Dos Sicilias,
Reina regente de España
La reina María Cristina de Borbón, quien hacía tiempo había quedado viuda y por tanto se había convertido en regente de su hija, la futura Isabel II, y el gobierno de turno acogen con mucho entusiasmo los planes de Flores. De esta forma, a fines de 1846 contaba con unos 1.500 hombres acuartelados en el puerto de Santander. España soñaba, una vez más, con la idea de reconquistar sus antiguas colonias. Esta intriga monárquica se encuentra denunciada en numerosos documentos, especialmente diplomáticos. En ellos se desataca el deseo de la reina María Cristina de colocar en tronos de América a los hijos de su segundo matrimonio con el Duque de Riánsares; incluso se precisa el nombre y la edad del niño, Agustín Muñoz y de Borbón, de 13 años, su domicilio escolar en Roma y los títulos de Conde de San Agustín y I Duque de Tarancón. Los documentos coinciden, además, que María Cristina auxilió a Flores de su propio y cuantioso peculio.

Mientras tanto en Inglaterra e Irlanda, Wright había logrado reunir dos batallones de 400 hombres cada uno y las 3 naves de guerra acordadas. Los irlandeses, cuya patria estaba asolada por la hambruna que provocó su salida masiva al nuevo mundo, habían sido enganchados con la promesa de tierras e instrumentos de labranza para colonizar las provincias de Napo y Esmeraldas. El Ejército español, que no tenía que enfrentarse ni a revueltas ni a guerras, podía desprenderse de personal militar. A ello se agregaba la hambruna que azotaba Irlanda. España apoyó la expedición en forma encubierta, Gran Bretaña fingió ignorar los preparativos, mientras que las autoridades irlandesas se opusieron desde el inicio. Los dos buques a vapor que había comprado Wright fueron transformados en naves de guerra, y el otro restante estaba destinado para el transporte de suministros y tropas.

Reino Unido de Ecuador Perú y Bolivia
Tal como había escuchado previamente en Nápoles el Duque de Rivas, el general Flores presentó una propuesta monárquica, no solamente referente al Ecuador sino con un plan de expansión que incluía principalmente a Perú y Bolivia, para de esa manera conformar un estado federado de tres Reinos, siguiendo el ejemplo de Inglaterra y Escocia unificadas en el Reino Unido de Gran Bretaña, o las coronas asociadas en el Imperio Austríaco; siendo esta aceptada animosamente por la reina regente española, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. A este intento se le conoce como "Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia", con trono en la ciudad de Quito y cuyo monarca sería el mencionado Agustín Muñoz y de Borbón, a quien la Reina hacía llamar, además de por sus títulos oficiales, como Príncipe de Ecuador y Restaurador de la monarquía en Perú y Bolivia.

Reacción latinoamericana

Todo parecía estar listo para la reconquista del poder en Ecuador, pero varios diplomáticos latinoamericanos acreditados en las cortes europeas empezaron a conocer de la expedición secreta, aunque inicialmente no estaban seguros si tenía como destino México, Bolivia, Ecuador o Perú. Así lo demuestra una misiva de M.A. Mosquera, ministro neogranadino en París, enviada el 15 de agosto de 1846 a su Cancillería en Bogotá, y que luego sería transmitida por ésta a la de Buenos Aires. En ella Mosquera explica: «todo hace creer que sea más bien para México, en calidad de auxiliar para sostener el partido monárquico de ese país; y resistir la agresión y usurpaciones sucesivas de los Estados Unidos».

Uno de los primeros en alertar que el destino de las tropas españolas y británicas era definitivamente Ecuador, fue el ministro peruano Juan Manuel Iturregui, acreditado en la corte de Londres. El 16 de septiembre escribe a la Cancillería de Lima lo siguiente:
«El general Flores se halla organizando en Madrid unos batallones que deben servir de base a una expedición que prepara ostensiblemente contra el Ecuador. Los periódicos de aquella capital aseguran que la expedición enunciada amenaza también al Perú y procede de un acuerdo hecho entre el Gobierno Español y dicho General para invadir ambas Repúblicas y formar de ellas una monarquía, a cuyo frente se intenta colocar a uno de los dos hijos habidos por doña María Cristina de Borbón de su segundo matrimonio con el Duque de Rianzares, -que el gabinete Español protege visiblemente esta empresa, y se están sacando Jefes, oficiales y centenares de soldados de los mismos cuerpos del ejército Peninsular para incorporarlos en lo que está levantando el general Flores, -que Agentes de este se hallan enganchando soldados de Irlanda para engrosar las filas de los expedicionarios, -y en fin que todos están ya listos y citados para reunirse en Aspeitia, -de donde saldrán para dar la vela para América. Los mismos periódicos, examinado el proyecto bajo todas sus fases, le dan abiertamente las bien merecidas calificaciones de impolítico, injusto, alevoso e irrealizable. Por cartas particulares se me asegura, después de confirmarme las anteriores noticias, que Don Andrés Santa Cruz, que se halla en Burdeos, tiene también parte en esta trama, y que Don José Joaquín de Mora, redactor de “El Heraldo”, es uno de los escritores que aboga por ella con más ardor, pero con argumentos que por su futilidad dan lástima (con copia al canciller de S.M.B.)».
La noticia se refuerza cuando el 30 de septiembre el ministro argentino M. Sarraeta, acreditado en la corte de París, escribe desde Bruselas a su Cancillería:
«Un acontecimiento escandaloso y de la mayor gravedad está pasando actualmente en España. El ex - Presidente Flores del Ecuador, que tuvo que abdicar y retirarse del mando del modo que a V.S. le consta, está reclutando en España con conocimiento y connivencia de aquel Gobierno, una fuerza que según se asegura no bajará de seis mil hombres destinada a recuperar su autoridad perdida, invadiendo su antigua presidencia. A cualesquiera le ocurre que en negocio de esta naturaleza, Flores no puede ser más que un testa de fierro, que sirve de instrumento para promover los intereses de quien suministra los medios para realizar la empresa. Flores fue muy bien recibido por el Rey en París y lo ha sido más en España, pues que en una función de palacio, se le dispensó la honrosa distinción de que bailase con la Reina.- Todo concurre a persuadir que el plan que actualmente se ejecuta en España se ha organizado en Francia y tampoco deja de ser muy verosímil, sea con conocimiento y aquiescencia de la Inglaterra. Cuando salí de París se anunció como positiva la llegada a uno de los puertos de Francia, del general Santa Cruz; después no se ha vuelto a hablar más de él, ni se ha parecido en París, como cosa natural. Esta circunstancia me hizo sospechar se hubiera metido en España; he escrito pidiendo informes sobre el particular y hasta ahora no he recibido contestación».
Juan Manuel Iturregui dirigió dos protestas sin esperar instrucciones de Lima; una al ministro de Negocios Extranjeros de España y otra a Lord Palmerston, secretario de Estado de Negocios Extranjeros británico. La respuesta del Gobierno Español fue que Iturregui no estaba acreditado ante la corte, mientras Palmerston, en actitud reticente, alegó no tener conocimiento de procedimientos ilegales en alistamientos para el extranjero.

Iturregui reiteró su pedido a Palmerston para que impidiera la expedición, denunciando que Flores tenía ya reunidos 1.200 hombres en Irlanda. Advirtió que tal fuerza hostil, aunque fracasara, afectaría los intereses comerciales británicos en Latinoamérica. Palmerston se irritó aún más con la alusión a posibles daños a los intereses británicos y respondió: «el Gobierno británico verá con gran satisfacción un cambio mediante el cual la conducta de los gobiernos de aquellos países (las repúblicas sudamericanas) hacia los súbditos británicos, fuese más conforme con la justicia, la buena fe y las obligaciones de los tratados».

El 9 de noviembre de 1846 el canciller peruano Paz Soldán informó oficialmente a las cancillerías latinoamericanas la determinación de su Gobierno de defender la independencia ecuatoriana, y les invocó a cooperar en esta cruzada:
«(...) sin unir sus votos y esfuerzos a los de todos los pueblos de América para sostener la independencia común y la identidad de principios y de instituciones que acordes adoptaron desde que sacudieron el ominoso yugo español.- En los derechos del Ecuador, ultrajados por la España, ha recibido el Perú una injuria, porque estima como propios los agravios hechos a los pueblos del continente americano y como una violación de la justicia natural y del derecho de gentes cuanto se haga por quién quiera que sea con el objeto de arreglar los asuntos interiores de un pueblo libre de Sud América».
Por su parte, la Cancillería chilena, tras enterararse de que el general Andrés de Santa Cruz se encuentra en Europa como había informado el canciller argentino desde Bruselas, y temiendo que la expedición tenga como fin sostener la Confederación Perú-Boliviana, escribe a su contraparte argentina una misiva fechada el 1 de diciembre de 1846:
«(...) y que el Gobierno español tiene algún interés en ello según la conducta que ha observado, que de otro modo sería completamente inexplicable. Se recela también con bastante probabilidad que los Generales Flores y Santa Cruz estén unidos en la empresa, y que se trate de resucitar, bajo una forma u otra, tal vez la monárquica, la antigua Confederación Perú – Boliviana (...) el Gobierno de Chile ha creído que el asunto era de una importancia demasiado trascendental, para que no se tomasen desde luego providencias contra todo peligro, y, tiene fundamento para pensar que sus vecinos participan de la misma solicitud y están decididos a coadyubarlas. Me hallo persuadido de que el Gobierno de V.E. no mirará con indiferencia un acontecimiento tan grave, aun en medio de los altos objetos que en estos momentos ocupan su atención, y creyéndolo así el Presidente, me ha ordenado dirigir esta comunicación a V.E. a quién ruego se sirva someterla al Exmo. Señor Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Encargado de las relaciones Exteriores de la Confederación Argentina».
El 29 de diciembre de 1846, José Fernández Salvador, ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador escribía a su homólogo venezolano al respecto del proyecto monárquico:
«(...) como no parece probable que los designios de la expedición española sólo se limiten a restablecer en el mando del Ecuador al caudillo que la dirige, según la opinión generalmente emitida por la prensa europea, los gobiernos de Chile, Perú y de la Nueva Granada, han creído que todo acto de intervención trasatlántica es atentatorio a la independencia de los Estados hispanoamericanos, o al menos a la forma popular representativa de sus Gobiernos y que por ello interesa a la política americana repeler de mancomún acuerdo toda fuerza que tratase de intervenir en las cuestiones domésticas de alguna de las citadas Repúblicas».
Informado por su par argentino al respecto de la misiva chilena, el Canciller uruguayo Villademoros desde el cuartel general en el Cerrito de La Victoria, contesta el 5 de febrero de 1857 :
«(...) Impuesto detenidamente de todo, S.E. el Presidente de la República, ha ordenado al infrascrito contestar que este Gobierno aprecia con la más intensa gratitud, la noticia que le comunica el Excmo. de la Confederación Argentina sobre un asunto, efectivamente de tanta importancia, de un interés tan vital, para todas las repúblicas del Continente Americano.- Así mismo mira S.E. con el mayor placer la noble decisión con que los Excmos. Gobiernos de la Confederación Argentina, de Chile y el Perú se proponen unir sus esfuerzos para repeler la infame invasión con que se les amenaza por los espurios traidores Flores y Santa Cruz, bajo la protección o connivencia del Gobierno Español , que por tales actos parece haber estado ocultando, bajo engañosas cenizas, el incendio del resentimiento contra los pueblos sud americanos y una imprudente ambición a quién nada ha enseñado los reveses, ni el triste resultado que tuvo para España la pasada lucha por nuestra independencia.- Por su parte el Gobierno de S.E. el presidente, no correspondería a sus ardorosos sentimientos Americanos, si pudiese un solo momento mirar con indiferencia el atentado que se prepara torpemente contra la libertad e independencia de las Repúblicas Sud. Americanas. Así es que uniendo el suyo al grito del continente indignado declara sin hesitación que mirará como injuria y ofensa propia la que en este caso se infiriese a cualquiera de las Repúblicas de Sud América; que pondrá en acción todos sus esfuerzos y recursos para combatir la odiosa invasión y que estará pronto a correr con ellos donde quiera que lo haga necesario el peligro común».

Caída del proyecto de Flores

El 20 de octubre de 1846, la protesta cada vez más creciente de la opinión pública británica que se sumó a las gestiones de las delegaciones latinoamericanas en ese país, se intensificó con la protesta de más de treinta casas comerciales que veían en el proyecto de Flores una amenaza a los intereses económicos ingleses, tal como lo había planteado antes Iturregui. Esto obligó al canciller Palmerston a confiscar las naves del general por funcionarios de la aduana, invocando la Ley de Reclutamiento Extranjero. De igual manera inició un juicio contra los responsables de la empresa, mientras a la par el alcalde de Limerick (Irlanda), desbarató el reclutamiento que se llevaba acabó en dicho país.

Toda esta situación obligó a Flores, quien se encontraba en la corte de Madrid, acudir a Inglaterra para defenderse y conseguir la devolución de sus barcos, pero ante la posibilidad de verse envuelto en el juicio intentó retornar a España vía París. Pero las malas noticias no terminaban para Flores, pues en España, Joaquín José de Osma, publicaba la noticia del embargo en los periódicos de la capital ibera, por lo que el gabinete que lo había apoyado se vio obligado a dimitir, entre otras razones por su apoyo a la descabellada aventura de instaurar una monarquía en Ecuador.

Flores permaneció varios meses más en Europa, tratando inútilmente de recuperar sus naves; y por ello fue centro de agitación y revuelta contra el Ecuador durante la siguiente década. Esto le valió al primer presidente ecuatoriano ser reconocido por sus geniales, pero a la vez perniciosas cualidades, como el Rey de la noche.

Existe un soneto peruano al respecto de esta intentona monarquista, parte de la obra Breve historia de los procedimientos de la Administración en los tres años desde su instalación hasta la fecha, escrita por el ciudadano N.V. en 1848, donde se menciona la oposición al transporte masivo de inmigrantes irlandeses como soldados para la conquista floreanista-borbónica, y se agradece la acción del ministro Iturregui:

El Ministro Iturregui con destreza
en la Corte de Londres representa
contra el enganche y la indebida venta
de irlandeses y buques de la empresa.
La ley del caso se observa con pureza,
el fallo al empresario desalienta,
sin remedio es perdido cuanto intenta,
la espedición acaba donde empieza.
No era duda propio y razonable
en un siglo tan sano y tan lúcido
que un acto anti-legal fuese aprobado.
Este servicio, a tantos favorable,
al Jefe del Perú solo es debido,
pues su tino solo quiso tal enviado.

Debido a la intentona floreanista que finalmente no llegó a concretarse, el canciller peruano Paz Soldán dirigió una circular invitando a los Gobiernos continentales al Congreso Americano de 1847, celebrado en la ciudad de Lima, para elaborar un tratado de defensa hemisférica de las naciones hispanoamericanas contra toda forma de agresión extranjera. Este objetivo se plasmó en el gran Tratado de Confederación de 1848, precedente jurídico de los pactos de la Sociedad de Naciones, la OEA y las Naciones Unidas.


Bibliografía:
  • Van Aken, Mark J*; "King of the night, Juan José Flores & Ecuador 1824-1864". Editorial Universidad de California, 1989 (Estados Unidos). (*) Historiador y docente de la Universidad de California, biógrafo del general ecuatoriano Juan José Flores.
  • Gimeno, Ana*; "Una tentativa monárquica en América: El caso ecuatoriano". Centro de investigación y cultura del Banco Central del Ecuador, 1988, ISBN9978720243 (Ecuador). (*) Historiadora e investigadora.
  • Orrego Penagos, Juan Luis*; "El general Flores y el Perú". Rumbo al Bicentenario, historia del Perú, América Latina y el mundo; diciembre de 2003 (Perú). (*) Historiador y profesor del Departamento de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica de Lima desde el año 1987; su área de interés es la historia del Perú y de América Latina desde los años de la independencia hasta el siglo XX. Trabajó en la Comisión Iberoamericana de los Bicentenarios de la Independencia.
  • Garibaldi de Mendoza, Rosa*; "Cuando Ecuador fue casi un Reino". Diario El Comercio (Perú); 28 de junio de 2009. (*) Historiadora especializada en la política peruana con varias publicaciones por la Academia Diplomática de su país, ministra en el Servicio Diplomático de la República del Perú.
  • París Montesinos, Pedro*, "Brotes monárquicos en el siglo XIX". Diario El Universal de Caracas (Venezuela), 3 de enero de 1997. (*) Doctor en Ciencias políticas por la Universidad Central de Venezuela, presidente del Senado venezolano, presidente del partido Acción Democrática.
  • Fayanas Escuer, Edmundo*, "El lado oscuro de la Reina María Cristina de Borbón Dos Sicilias". Diario digital Nueva Tribuna (España), 7 de noviembre de 2014. (*) Profesor y licenciado en historia con énfasis en España, periodista.
  • Castillo-Illingworth, José Santiago*, "El proyecto de monarquía americana (parte III)". Genealogía familiar, artículos (Ecuador). (*) Historiador con varias publicaciones por la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito.
  • McEvoy, Gabriela*; "El valor de los archivos en los invisibles irlandeses". Irish migration studies in Latin America, volúmen 8, Nº 3-4 (Estados Unidos). (*) Profesora de lengua y literatura en Lebanon Valley College, Annville, Pennsylvania. Se doctoró en Literatura Latinoamericana en la Universidad de California, San Diego con especialidad en los estudios de inmigración. Investigó el tema de la inmigración irlandesa en el Perú durante el siglo XIX.

28 abr. 2010

Segundo Reino de Quito (1809)

Juan Pío de Montúfar, posible primer rey de Quito (Ecuador),
bajo el título de Su Alteza Serenísima, Juan I de Quito.

Durante la revolución quiteña del 10 de Agosto de 1809 los criollos sublevados al poder español de la Real Audiencia de Quito, nombraron una Junta Soberana de Gobierno, presidida por el más popular de los nobles quiteños de aquel entonces, Juan Pío de Montúfar y Larrea, II marqués de Selva Alegre.

Según la apreciación de varios historiadores, esta Junta escondía un carácter independentista detrás de su endeble declaratoria de fidelidad al rey Fernando VII, depuesto con la invasión napoleónica a España. Esta teoría se basa en el trato de ''Su Alteza Serenísima'' (reservado para monarcas de principados o reinos pequeños) que recibió el Presidente de la misma: Juan Pío de Montúfar, en el acta de establecimiento de la misma que se firmó en la Sala Capitular del Convento de San Agustín, el 16 de agosto.

Varios actos llevados a cabo durante la investidura de Montúfar como Presidente apoyan esta teoría, entre ellos el que el mismo Marqués se presentase al pomposo acto con un manto de color celeste y estrellado de plata, además de con la cruz chica de la Orden de Carlos III colgada en el pecho a modo de Toisón real, al más puro estilo de las coronaciones de la monarquía europea de la época. Propuso también, como todo buen monarca que se presume deseaba ser, la creación de una Orden Militar con el título de ''Gran Cruz de San Lorenzo'', para condecorar a los beneméritos y eternizar la gloriosa fecha, siendo él mismo el gran Maestre de esa Orden. En este punto debemos resaltar que era únicamente el marqués Montúfar quien recibía el trato de ''Alteza'', pues todos los demás miembros de la Junta serían llamados, según su rango: ''excelencias'', ''señorías'' y ''usías''.

Cabe recordar además que la Junta Suprema del 10 de Agosto de 1809 era eminentemente monárquica, al punto que hoy es aceptado por la historiografía que los ''montufaristas'' buscaban la proclamación del marqués de Selva Alegre, “Su Alteza Serenísima” Juan Pío de Montúfar, como Rey de Quito.

Entonces, la creación de un segundo Reino de Quito, esta vez blanco (o criollo, como deseen llamarlo) se vió reducida a escombros cuando la otra facción de la Junta Soberana decidió devolver el poder al rey de España, representado por el viejo Conde Ruíz de Castilla, debido a que los obstáculos en el manejo de los territorios quiteños les resultaban infranqueables.


Bibliografía: