Introducción

Aunque no muchos conocen estos capítulos de la historia ecuatoriana, llevado al plano del rumor por algunos historiadores durante mucho tiempo, los territorios que hoy conforman la República del Ecuador estuvieron a punto de convertirse en un Reino independiente en cuatro ocasiones (1765, 1809, 1845 y 1859). La creciente ola de monarquistas que ha surgido en la última década en toda Latinoamérica ha ido develando, aunque aún no de manera oficial, a través de documentos y cartas que varios países de la región, que en especial México y Ecuador intentaron varias veces reestablecer la monarquía, ya sea una propia o con príncipes europeos. Las tentativas monárquicas ecuatorianas fueron:

*
Primer Reino de Quito, en 1765. Con Manuel Guerrero y Ponce de León como rey.
* Segundo Reino de Quito, en 1809. Con Juan Pío de Montúfar como rey.
* Reino de Ecuador, en 1844. Con María Cristina de Borbón-Dos Sicilias como regente de su hijo, Agustín de Muñóz y Borbón-Dos Sicilias.
* Reino Unido de Ecuador Perú y Bolivia, en 1844. Con Antonio de Orléans y Luisa Fernanda de Borbón como reyes.
* Protectorado francés de Ecuador, en 1859. Con Napoleón III como emperador y Gabriel García Moreno como Regente.

4 may. 2010

Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia (1844)

Antecedentes

Gral. Juan José Flores.
Mientras transcurrían las primeras décadas de la frágil y novel república ecuatoriana, el general Juan José Flores, derrocado por el pueblo de Guayaquil tras 14 años en el poder, se convenció de la ingobernabilidad del territorio ecuatoriano bajo un régimen republicano en el que la discordia entre los nuevos poderes era evidente, y que sólo una autocracia bajo su propio control, o un protectorado extranjero bajo un príncipe europeo, podían rescatar al país del caos.

En correspondencia de algunos diplomáticos españoles dirigidas al gobierno de Simón Bolívar, este se da cuenta de que el general Juan José Flores presentó una propuesta a España para imponer una monarquía, no sólo en Ecuador sino también en Perú y Bolivia. Según Mark Van Aken, historiador estadounidense y biógrafo del caudillo: «para hacer estas afirmaciones se dispone de las fuentes históricas usuales: documentos gubernamentales, periódicos oficiales e independientes, panfletos, hojas sueltas y correspondencia particular; sin embargo, los documentos privados de Flores no proveen información de importancia crucial sobre la cuestión, y esto explica por qué Luis Robelino Dávila y Gustavo Vázconez Hurtado no afirman claramente que este estuviera involucrado en planes monárquicos».

Cuando Flores escribió a Bolívar para manifestarle su apoyo a la Constitución de Bolivia, insinuaba que la forma de gobierno propuesta era un paso positivo en el camino hacia la monarquía. Bolívar jamás se comprometió con la idea de una monarquía o una dictadura desde 1825 hasta su muerte, aún cuando Van Aken explica que «los documentos indican claramente que el Libertador analizó con diplomáticos extranjeros la posibilidad de establecer una monarquía en tierras americanas y también lo hizo con estadistas hispanoamericanos y oficiales de su confianza».

El tratado de La Virginia
Durante su gobierno Flores se rodeó de muchos asesores y militares venezolanos, lo que ocasionó una especie de reacción nacionalista que culminó en una guerra civil con núcleo en la ciudad de Guayaquil y movilizada por Vicente Rocafuerte, célebre escritor y diplomático que estaba exiliado en Lima, y que terminaría con su derrocamiento en 1845.

A los pocos días de firmarse el Tratado de La Virginia, que deponía pacíficamente a Flores del poder y le garantizaba su estatus militar, la conservación de sus propiedades y una renta de 20.000 pesos de por vida, parte a su acordado exilio europeo, pasando primero por Panamá. Entre tanto, el nuevo gobierno ecuatoriano desconoce los convenios de La Virginia y se niega a reconocer los derechos que habían obtenido Flores y sus partidarios. Para el político ecuatoriano Benigno Malo: «esa resolución, lejos de cerrar las puertas a su regreso, no hizo más que tentarlo a adoptar represalias de naturaleza extremada e inmoral… Flores burlado se creyó plenamente autorizado para seguir los consejos de la venganza: se engañaba. Un crimen no se lava con otro».

Reino de Ecuador
Enterado de la noticia y la decisión del nuevo gobierno ecuatoriano de romper con los términos del Tratado de La Virginia, Flores entra en cólera y organiza desde Europa uno de los planes más audaces del caudillismo latinoamericano para recuperar el poder.

En Inglaterra encomendó al general irlandés Richard Wright la tarea de reclutar mercenarios, conseguir armamento y adquirir naves de guerra para invadir Ecuador. Luego pasó a Francia donde trató de conseguir más apoyo para su arriesgada empresa, llegando a proponer el convertir a Ecuador en una monarquía a cargo de un príncipe europeo, con él mismo como regente. Por último, en el Reino de Nápoles, el Duque de Rivas, embajador español ante esa corte, escuchó sus planes de colocar un príncipe español al frente del país sudamericano; pero que el plan no quedaba allí, pues bajo el protectorado de España, dicho príncipe procuraría engrandecer geográficamente al Ecuador hacia el sur, a costa de sus vecinos.

María Cristina de Borbón-Dos Sicilias,
Reina regente de España
La reina María Cristina de Borbón, quien hacía tiempo había quedado viuda y por tanto se había convertido en regente de su hija, la futura Isabel II, y el gobierno de turno acogen con mucho entusiasmo los planes de Flores. De esta forma, a fines de 1846 contaba con unos 1.500 hombres acuartelados en el puerto de Santander. España soñaba, una vez más, con la idea de reconquistar sus antiguas colonias. Esta intriga monárquica se encuentra denunciada en numerosos documentos, especialmente diplomáticos. En ellos se desataca el deseo de la reina María Cristina de colocar en tronos de América a los hijos de su segundo matrimonio con el Duque de Riánsares; incluso se precisa el nombre y la edad del niño, Agustín Muñoz y de Borbón, de 13 años, su domicilio escolar en Roma y los títulos de Conde de San Agustín y I Duque de Tarancón. Los documentos coinciden, además, que María Cristina auxilió a Flores de su propio y cuantioso peculio.

Mientras tanto en Inglaterra e Irlanda, Wright había logrado reunir dos batallones de 400 hombres cada uno y las 3 naves de guerra acordadas. Los irlandeses, cuya patria estaba asolada por la hambruna que provocó su salida masiva al nuevo mundo, habían sido enganchados con la promesa de tierras e instrumentos de labranza para colonizar las provincias de Napo y Esmeraldas. El Ejército español, que no tenía que enfrentarse ni a revueltas ni a guerras, podía desprenderse de personal militar. A ello se agregaba la hambruna que azotaba Irlanda. España apoyó la expedición en forma encubierta, Gran Bretaña fingió ignorar los preparativos, mientras que las autoridades irlandesas se opusieron desde el inicio. Los dos buques a vapor que había comprado Wright fueron transformados en naves de guerra, y el otro restante estaba destinado para el transporte de suministros y tropas.

Reino Unido de Ecuador Perú y Bolivia
Tal como había escuchado previamente en Nápoles el Duque de Rivas, el general Flores presentó una propuesta monárquica, no solamente referente al Ecuador sino con un plan de expansión que incluía principalmente a Perú y Bolivia, para de esa manera conformar un estado federado de tres Reinos, siguiendo el ejemplo de Inglaterra y Escocia unificadas en el Reino Unido de Gran Bretaña, o las coronas asociadas en el Imperio Austríaco; siendo esta aceptada animosamente por la reina regente española, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. A este intento se le conoce como "Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia", con trono en la ciudad de Quito y cuyo monarca sería el mencionado Agustín Muñoz y de Borbón, a quien la Reina hacía llamar, además de por sus títulos oficiales, como Príncipe de Ecuador y Restaurador de la monarquía en Perú y Bolivia.

Reacción latinoamericana

Todo parecía estar listo para la reconquista del poder en Ecuador, pero varios diplomáticos latinoamericanos acreditados en las cortes europeas empezaron a conocer de la expedición secreta, aunque inicialmente no estaban seguros si tenía como destino México, Bolivia, Ecuador o Perú. Así lo demuestra una misiva de M.A. Mosquera, ministro neogranadino en París, enviada el 15 de agosto de 1846 a su Cancillería en Bogotá, y que luego sería transmitida por ésta a la de Buenos Aires. En ella Mosquera explica: «todo hace creer que sea más bien para México, en calidad de auxiliar para sostener el partido monárquico de ese país; y resistir la agresión y usurpaciones sucesivas de los Estados Unidos».

Uno de los primeros en alertar que el destino de las tropas españolas y británicas era definitivamente Ecuador, fue el ministro peruano Juan Manuel Iturregui, acreditado en la corte de Londres. El 16 de septiembre escribe a la Cancillería de Lima lo siguiente:
«El general Flores se halla organizando en Madrid unos batallones que deben servir de base a una expedición que prepara ostensiblemente contra el Ecuador. Los periódicos de aquella capital aseguran que la expedición enunciada amenaza también al Perú y procede de un acuerdo hecho entre el Gobierno Español y dicho General para invadir ambas Repúblicas y formar de ellas una monarquía, a cuyo frente se intenta colocar a uno de los dos hijos habidos por doña María Cristina de Borbón de su segundo matrimonio con el Duque de Rianzares, -que el gabinete Español protege visiblemente esta empresa, y se están sacando Jefes, oficiales y centenares de soldados de los mismos cuerpos del ejército Peninsular para incorporarlos en lo que está levantando el general Flores, -que Agentes de este se hallan enganchando soldados de Irlanda para engrosar las filas de los expedicionarios, -y en fin que todos están ya listos y citados para reunirse en Aspeitia, -de donde saldrán para dar la vela para América. Los mismos periódicos, examinado el proyecto bajo todas sus fases, le dan abiertamente las bien merecidas calificaciones de impolítico, injusto, alevoso e irrealizable. Por cartas particulares se me asegura, después de confirmarme las anteriores noticias, que Don Andrés Santa Cruz, que se halla en Burdeos, tiene también parte en esta trama, y que Don José Joaquín de Mora, redactor de “El Heraldo”, es uno de los escritores que aboga por ella con más ardor, pero con argumentos que por su futilidad dan lástima (con copia al canciller de S.M.B.)».
La noticia se refuerza cuando el 30 de septiembre el ministro argentino M. Sarraeta, acreditado en la corte de París, escribe desde Bruselas a su Cancillería:
«Un acontecimiento escandaloso y de la mayor gravedad está pasando actualmente en España. El ex - Presidente Flores del Ecuador, que tuvo que abdicar y retirarse del mando del modo que a V.S. le consta, está reclutando en España con conocimiento y connivencia de aquel Gobierno, una fuerza que según se asegura no bajará de seis mil hombres destinada a recuperar su autoridad perdida, invadiendo su antigua presidencia. A cualesquiera le ocurre que en negocio de esta naturaleza, Flores no puede ser más que un testa de fierro, que sirve de instrumento para promover los intereses de quien suministra los medios para realizar la empresa. Flores fue muy bien recibido por el Rey en París y lo ha sido más en España, pues que en una función de palacio, se le dispensó la honrosa distinción de que bailase con la Reina.- Todo concurre a persuadir que el plan que actualmente se ejecuta en España se ha organizado en Francia y tampoco deja de ser muy verosímil, sea con conocimiento y aquiescencia de la Inglaterra. Cuando salí de París se anunció como positiva la llegada a uno de los puertos de Francia, del general Santa Cruz; después no se ha vuelto a hablar más de él, ni se ha parecido en París, como cosa natural. Esta circunstancia me hizo sospechar se hubiera metido en España; he escrito pidiendo informes sobre el particular y hasta ahora no he recibido contestación».
Juan Manuel Iturregui dirigió dos protestas sin esperar instrucciones de Lima; una al ministro de Negocios Extranjeros de España y otra a Lord Palmerston, secretario de Estado de Negocios Extranjeros británico. La respuesta del Gobierno Español fue que Iturregui no estaba acreditado ante la corte, mientras Palmerston, en actitud reticente, alegó no tener conocimiento de procedimientos ilegales en alistamientos para el extranjero.

Iturregui reiteró su pedido a Palmerston para que impidiera la expedición, denunciando que Flores tenía ya reunidos 1.200 hombres en Irlanda. Advirtió que tal fuerza hostil, aunque fracasara, afectaría los intereses comerciales británicos en Latinoamérica. Palmerston se irritó aún más con la alusión a posibles daños a los intereses británicos y respondió: «el Gobierno británico verá con gran satisfacción un cambio mediante el cual la conducta de los gobiernos de aquellos países (las repúblicas sudamericanas) hacia los súbditos británicos, fuese más conforme con la justicia, la buena fe y las obligaciones de los tratados».

El 9 de noviembre de 1846 el canciller peruano Paz Soldán informó oficialmente a las cancillerías latinoamericanas la determinación de su Gobierno de defender la independencia ecuatoriana, y les invocó a cooperar en esta cruzada:
«(...) sin unir sus votos y esfuerzos a los de todos los pueblos de América para sostener la independencia común y la identidad de principios y de instituciones que acordes adoptaron desde que sacudieron el ominoso yugo español.- En los derechos del Ecuador, ultrajados por la España, ha recibido el Perú una injuria, porque estima como propios los agravios hechos a los pueblos del continente americano y como una violación de la justicia natural y del derecho de gentes cuanto se haga por quién quiera que sea con el objeto de arreglar los asuntos interiores de un pueblo libre de Sud América».
Por su parte, la Cancillería chilena, tras enterararse de que el general Andrés de Santa Cruz se encuentra en Europa como había informado el canciller argentino desde Bruselas, y temiendo que la expedición tenga como fin sostener la Confederación Perú-Boliviana, escribe a su contraparte argentina una misiva fechada el 1 de diciembre de 1846:
«(...) y que el Gobierno español tiene algún interés en ello según la conducta que ha observado, que de otro modo sería completamente inexplicable. Se recela también con bastante probabilidad que los Generales Flores y Santa Cruz estén unidos en la empresa, y que se trate de resucitar, bajo una forma u otra, tal vez la monárquica, la antigua Confederación Perú – Boliviana (...) el Gobierno de Chile ha creído que el asunto era de una importancia demasiado trascendental, para que no se tomasen desde luego providencias contra todo peligro, y, tiene fundamento para pensar que sus vecinos participan de la misma solicitud y están decididos a coadyubarlas. Me hallo persuadido de que el Gobierno de V.E. no mirará con indiferencia un acontecimiento tan grave, aun en medio de los altos objetos que en estos momentos ocupan su atención, y creyéndolo así el Presidente, me ha ordenado dirigir esta comunicación a V.E. a quién ruego se sirva someterla al Exmo. Señor Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Encargado de las relaciones Exteriores de la Confederación Argentina».
El 29 de diciembre de 1846, José Fernández Salvador, ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador escribía a su homólogo venezolano al respecto del proyecto monárquico:
«(...) como no parece probable que los designios de la expedición española sólo se limiten a restablecer en el mando del Ecuador al caudillo que la dirige, según la opinión generalmente emitida por la prensa europea, los gobiernos de Chile, Perú y de la Nueva Granada, han creído que todo acto de intervención trasatlántica es atentatorio a la independencia de los Estados hispanoamericanos, o al menos a la forma popular representativa de sus Gobiernos y que por ello interesa a la política americana repeler de mancomún acuerdo toda fuerza que tratase de intervenir en las cuestiones domésticas de alguna de las citadas Repúblicas».
Informado por su par argentino al respecto de la misiva chilena, el Canciller uruguayo Villademoros desde el cuartel general en el Cerrito de La Victoria, contesta el 5 de febrero de 1857 :
«(...) Impuesto detenidamente de todo, S.E. el Presidente de la República, ha ordenado al infrascrito contestar que este Gobierno aprecia con la más intensa gratitud, la noticia que le comunica el Excmo. de la Confederación Argentina sobre un asunto, efectivamente de tanta importancia, de un interés tan vital, para todas las repúblicas del Continente Americano.- Así mismo mira S.E. con el mayor placer la noble decisión con que los Excmos. Gobiernos de la Confederación Argentina, de Chile y el Perú se proponen unir sus esfuerzos para repeler la infame invasión con que se les amenaza por los espurios traidores Flores y Santa Cruz, bajo la protección o connivencia del Gobierno Español , que por tales actos parece haber estado ocultando, bajo engañosas cenizas, el incendio del resentimiento contra los pueblos sud americanos y una imprudente ambición a quién nada ha enseñado los reveses, ni el triste resultado que tuvo para España la pasada lucha por nuestra independencia.- Por su parte el Gobierno de S.E. el presidente, no correspondería a sus ardorosos sentimientos Americanos, si pudiese un solo momento mirar con indiferencia el atentado que se prepara torpemente contra la libertad e independencia de las Repúblicas Sud. Americanas. Así es que uniendo el suyo al grito del continente indignado declara sin hesitación que mirará como injuria y ofensa propia la que en este caso se infiriese a cualquiera de las Repúblicas de Sud América; que pondrá en acción todos sus esfuerzos y recursos para combatir la odiosa invasión y que estará pronto a correr con ellos donde quiera que lo haga necesario el peligro común».

Caída del proyecto de Flores

El 20 de octubre de 1846, la protesta cada vez más creciente de la opinión pública británica que se sumó a las gestiones de las delegaciones latinoamericanas en ese país, se intensificó con la protesta de más de treinta casas comerciales que veían en el proyecto de Flores una amenaza a los intereses económicos ingleses, tal como lo había planteado antes Iturregui. Esto obligó al canciller Palmerston a confiscar las naves del general por funcionarios de la aduana, invocando la Ley de Reclutamiento Extranjero. De igual manera inició un juicio contra los responsables de la empresa, mientras a la par el alcalde de Limerick (Irlanda), desbarató el reclutamiento que se llevaba acabó en dicho país.

Toda esta situación obligó a Flores, quien se encontraba en la corte de Madrid, acudir a Inglaterra para defenderse y conseguir la devolución de sus barcos, pero ante la posibilidad de verse envuelto en el juicio intentó retornar a España vía París. Pero las malas noticias no terminaban para Flores, pues en España, Joaquín José de Osma, publicaba la noticia del embargo en los periódicos de la capital ibera, por lo que el gabinete que lo había apoyado se vio obligado a dimitir, entre otras razones por su apoyo a la descabellada aventura de instaurar una monarquía en Ecuador.

Flores permaneció varios meses más en Europa, tratando inútilmente de recuperar sus naves; y por ello fue centro de agitación y revuelta contra el Ecuador durante la siguiente década. Esto le valió al primer presidente ecuatoriano ser reconocido por sus geniales, pero a la vez perniciosas cualidades, como el Rey de la noche.

Existe un soneto peruano al respecto de esta intentona monarquista, parte de la obra Breve historia de los procedimientos de la Administración en los tres años desde su instalación hasta la fecha, escrita por el ciudadano N.V. en 1848, donde se menciona la oposición al transporte masivo de inmigrantes irlandeses como soldados para la conquista floreanista-borbónica, y se agradece la acción del ministro Iturregui:

El Ministro Iturregui con destreza
en la Corte de Londres representa
contra el enganche y la indebida venta
de irlandeses y buques de la empresa.
La ley del caso se observa con pureza,
el fallo al empresario desalienta,
sin remedio es perdido cuanto intenta,
la espedición acaba donde empieza.
No era duda propio y razonable
en un siglo tan sano y tan lúcido
que un acto anti-legal fuese aprobado.
Este servicio, a tantos favorable,
al Jefe del Perú solo es debido,
pues su tino solo quiso tal enviado.

Debido a la intentona floreanista que finalmente no llegó a concretarse, el canciller peruano Paz Soldán dirigió una circular invitando a los Gobiernos continentales al Congreso Americano de 1847, celebrado en la ciudad de Lima, para elaborar un tratado de defensa hemisférica de las naciones hispanoamericanas contra toda forma de agresión extranjera. Este objetivo se plasmó en el gran Tratado de Confederación de 1848, precedente jurídico de los pactos de la Sociedad de Naciones, la OEA y las Naciones Unidas.


Bibliografía:
  • Van Aken, Mark J*; "King of the night, Juan José Flores & Ecuador 1824-1864". Editorial Universidad de California, 1989 (Estados Unidos). (*) Historiador y docente de la Universidad de California, biógrafo del general ecuatoriano Juan José Flores.
  • Gimeno, Ana*; "Una tentativa monárquica en América: El caso ecuatoriano". Centro de investigación y cultura del Banco Central del Ecuador, 1988, ISBN9978720243 (Ecuador). (*) Historiadora e investigadora.
  • Orrego Penagos, Juan Luis*; "El general Flores y el Perú". Rumbo al Bicentenario, historia del Perú, América Latina y el mundo; diciembre de 2003 (Perú). (*) Historiador y profesor del Departamento de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica de Lima desde el año 1987; su área de interés es la historia del Perú y de América Latina desde los años de la independencia hasta el siglo XX. Trabajó en la Comisión Iberoamericana de los Bicentenarios de la Independencia.
  • Garibaldi de Mendoza, Rosa*; "Cuando Ecuador fue casi un Reino". Diario El Comercio (Perú); 28 de junio de 2009. (*) Historiadora especializada en la política peruana con varias publicaciones por la Academia Diplomática de su país, ministra en el Servicio Diplomático de la República del Perú.
  • París Montesinos, Pedro*, "Brotes monárquicos en el siglo XIX". Diario El Universal de Caracas (Venezuela), 3 de enero de 1997. (*) Doctor en Ciencias políticas por la Universidad Central de Venezuela, presidente del Senado venezolano, presidente del partido Acción Democrática.
  • Fayanas Escuer, Edmundo*, "El lado oscuro de la Reina María Cristina de Borbón Dos Sicilias". Diario digital Nueva Tribuna (España), 7 de noviembre de 2014. (*) Profesor y licenciado en historia con énfasis en España, periodista.
  • Castillo-Illingworth, José Santiago*, "El proyecto de monarquía americana (parte III)". Genealogía familiar, artículos (Ecuador). (*) Historiador con varias publicaciones por la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito.
  • McEvoy, Gabriela*; "El valor de los archivos en los invisibles irlandeses". Irish migration studies in Latin America, volúmen 8, Nº 3-4 (Estados Unidos). (*) Profesora de lengua y literatura en Lebanon Valley College, Annville, Pennsylvania. Se doctoró en Literatura Latinoamericana en la Universidad de California, San Diego con especialidad en los estudios de inmigración. Investigó el tema de la inmigración irlandesa en el Perú durante el siglo XIX.

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